¿Cómo sería una educación restaurativa?

¿Cómo aprender a discutir y a debatir con una educación que impone?

Dictamos ideas. No cambiamos ideas. Dictamos clases.

No debatimos y discutimos temas.

Trabajamos sobre el educando. No trabajamos con él.

Le imponemos un orden que él no comparte,

al cual sólo se acomoda.

No le ofrecemos medios para pensar auténticamente,

porque al recibir fórmulas dadas simplemente las guarda.

No las incorpora, porque la incorporación es el resultado

de la búsqueda de algo que exige, de quien lo intenta,

un esfuerzo de recreación y de estudio.

Exige reinvención.

Paulo Freire. La educación como práctica para la libertad.

 

 

¿Cómo sería una educación restaurativa?

 

 

¿Cómo sería una educación restaurativa? ¿Qué sería lo más valioso y útil que podríamos tomar del paradigma restaurativo de justicia para resolver los problemas que se presentan en el ámbito educativo? ¿Sería posible esta transferencia? ¿Sería justificable? ¿Sería conveniente? De ser posible, justificable y conveniente, ¿por dónde empezar?

 

La idea de una educación restaurativa ha resultado esperanzadora en un momento histórico que continúa mostrando – con cada vez mayor contundencia – el fracaso del paradigma educativo tradicional, punitivo y masificador, caracterizado por el antidiálogo y basado en relaciones verticales. La filosofía que da fundamento al paradigma restaurativo, aplicada en el contexto de una educación intencional, se ha implementado a través de programas con diversos alcances en escuelas de países como: Reino Unido, Nueva Zelanda, España, EE.UU, entre otros.

 

Las experiencias han resultado parcialmente exitosas, en tanto ha sido posible contribuir – en diferente medida y con las particularidades de cada caso – con la construcción de una cultura de paz en las comunidades escolares. La estrategia generalizada ha sido la aplicación de procesos restaurativos para la resolución de conflictos. A pesar de los beneficios de tales programas, el cambio de paradigma sigue pendiente. Es decir, el cambio completo en la mentalidad de quienes conforman las comunidades escolares, en cuanto a la concepción que tienen del conflicto y su tratamiento, es aún un objetivo por alcanzar.

 

Incluso en los casos más exitosos, los impactos se perciben en factores ambientales y no directamente en las concepciones y prácticas de quienes protagonizan el núcleo de la educación intencional:  docente y estudiante[1]. No se advierte que el modelo relacional tradicional de estos dos actores implica el mayor obstáculo para modificar el enfoque punitivo. Así, el bajo impacto en los resultados puede estar relacionado con el hecho de que la transformación de la relación fundamental de aprendizaje no aparece como objetivo explícito – ni prioritario, consecuentemente – en estos programas, aún tratándose de la relación nuclear que da sentido y fundamento a la existencia de lo que llamamos “escuela”.

 

Para transformar lo fundamental es preciso encaminar todas las acciones hacia lo fundamental. No pueden cambiarse los cimientos atendiendo sólo condiciones contextuales. Las acciones encaminadas a instaurar el paradigma que permitiría trascender la violencia prevaleciente en la convivencia entre estudiantes, tendrían que enfocarse antes en trascender la violencia prevaleciente en el modelo imperante de relación docente – estudiante, en la que lo habitual es, aludiendo a la cita de P. Freire: imponer, dictar, cosificar al estudiante, despojarle de medios para pensar auténticamente, evitarle el esfuerzo de recrear y reinventar… prohibirle expresarse,  equivocarse, aprender de su experiencia. Violencia sistemática pura y dura, implícita en la cotidianidad escolar, asumida como normal y hasta elogiada.

 

El alcance de la transferencia del paradigma restaurativo en el ámbito educativo, puede impactar con mayor fuerza en la construcción de una cultura de paz si vamos más allá de implementar programas para resolver conflictos en entornos escolares, si colocamos la relación fundamental de aprendizaje en el centro de las acciones para una transformación: cambiar el núcleo antes o a la par que transformamos los factores de contexto.

 

¿Por dónde empezar? Podríamos empezar por analizar con una lente restaurativa las relaciones de aprendizaje: encontrar similitudes a través las preguntas básicas que Howard Zehr nos plantea en su sencillo y potente “Pequeño libro de la Justicia Restaurativa”, haciendo una analogía entre “daño” y “necesidad/interés de aprender”.

 

Desde la justicia restaurativa nos preguntamos… Desde la educación restaurativa nos preguntamos…
¿Quién ha sido dañado? ¿Quién tiene interés por aprender?
¿Cuáles son sus necesidades? ¿Qué intereses y necesidades de aprendizaje tiene?
¿Quién tiene la obligación de atender esas necesidades? ¿Quién tiene la capacidad y la obligación de satisfacer sus intereses de aprendizaje?
¿Quién tiene algún tipo de interés en esta situación? ¿Quién tiene algún interés en que esa persona satisfaga sus necesidades e intereses de aprendizaje?
¿Cuál es el proceso más apropiado para involucrar a todas las partes en un esfuerzo por enmendar el daño? ¿Cuál es el proceso más apropiado para involucrar a todas las partes en un esfuerzo por satisfacer los intereses de aprendizaje de la persona?

 

 

 

 

Además, tal como ocurre en los procesos restaurativos, las respuestas a estas preguntas no pueden surgir más que de un diálogo auténtico, en el que se privilegia el respeto absoluto hacia lo que cada persona – real y no imaginaria, individual y no “colectiva” – expresa. Éste podría ser un punto de partida en la tarea de esbozar un nuevo modelo relacional[2] de educación que, a partir del núcleo de la teoría restaurativa, posibilite caminos para generar un cambio completo en las concepciones y prácticas de quienes conforman las comunidades de estudiantes y docentes: una transformación del paradigma educativo imperante.

 

¿Tú qué piensas sobre lo que he planteado? Me gustaría conocer tu opinión. Puedes escribirme al correo: zaira.magallanes@iidejure.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] 2010, Mejorando la escuela desde la sala de clases. Elmore, R. https://fch.cl/wp-content/uploads/2012/08/Libro_Elmore.pdf

2008, Otra Educación Básica es Posible. Cámara, G. https://redesdetutoria.com/download/otra-educacion-basica-es-posible-camara-g-2008/

[2]2015, Hacia una pedagogía restaurativa: superación del modelo punitivo en el ámbito escolar

Alberti, M., y Boqué, M. https://revistademediacion.com/wp-content/uploads/2015/07/Revista-Mediacion-15-5.pdf

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