Círculos de paz y yoga en prisiones: Un camino para sanar la vida social

Desde el 2017, el Proyecto de Yoga en Prisiones en México (PYP) facilita programas de yoga y meditación para personas privadas de libertad, que se destacan por dos particularidades innovadoras: por un lado, empleamos la metodología del Yoga Sensible al Trauma, especialmente diseñada para personas que han sufrido experiencias de alto impacto; por el otro, ofrecemos facilitar Círculos Restaurativos dentro de prisión a quienes hayan ya participado en el programa de yoga. Los Círculos son una herramienta prevista por la Ley Nacionalde Ejecución Penal como “Programas Individuales”, en el marco de procesos de justicia restaurativa.

Esta experiencia tiene su raíz en el programa fundado en 2002 por James Fox en la prisión de San Quentin, California, bajo la concepción que el yoga, como una práctica de atención plena, es especialmente efectiva para sanar los traumas y los efectos de experiencias violentas a fin de superar patrones nocivos de conducta. En poco más de 15 años, PYP se ha expandido a más de 260 prisiones en EUA, además de tener presencia en otros países.

  1. La meditación y el yoga poseen un poderoso efecto en la reducción de los sentimientos de negatividad, la prevención de la violencia y la liberación de tensiones emocionales somatizadas corporalmente. Ello genera la posibilidad de balancear el sistema nervioso central, reducir la ansiedad, la irritabilidad, el comportamiento reactivo y, en consecuencia, generar las condiciones para que las personas respondan más asertiva y equilibradamente a las exigencias de su entorno. También existen estudios que asocian la práctica de yoga en prisión con la disminución de la reincidencia.
  2. La ONU ha expresado su reconocimiento a las contribuciones que la práctica del yoga genera en la salud física y emocional, por medio de la proclamación del Día Internacional del Yoga desde 2014. 3 En igual sentido, en mayo de 2019, la Comisión de Prevención del Delito y Sistema Penal de la ONU publicó el informe “Global Prison Trends” (Tendencias Globales en Prisión), cuya PYP se encuentra en Canadá, Francia, Holanda, Noruega, Reino Unido y Suecia. En México, entre 2017 y 2019, hemos desarrollado nuestro servicio en una docena de centros penitenciarios, albergues para víctimas de trata y centros de rehabilitación de adicciones en Ciudad de México, Estado de México, Morelos y Veracruz. Hasta la fecha hemos beneficiado a más de 700 personas.

Véase “Swedish Prison and Probation Service with a project number 2012:251 and under the title:
Psykobiologiska effekter av yoga i anstaltsmiljo.” Septiembre 2018. Este y otros estudios
relacionados disponibles en: www.ncbi.nlm.nih.gov

Organización de las Naciones Unidas, Resolución 69/131 de la Asamblea General. Véase:
https://www.un.org

En dicho informe, tras describir experiencias de práctica de yoga en prisiones de la India y Suecia, se reconocen los ya reseñados efectos en la reducción del estrés, la violencia y las adicciones de quienes viven en reclusión, destacando además el relativo bajo costo de estos programas, fácilmente replicables en diversos sistemas carcelarios, independientemente de su capacidad presupuestal. Desde el PYP-México buscamos promover una respuesta alternativa ante la violencia y los delitos, combinando la práctica de yoga junto con los Círculos Restaurativos 5 , luego de desarrollar cierto nivel de sensibilidad en el propio cuerpo. Sabemos que es posible propiciar –de manera voluntaria- una mayor concientización sobre la violencia y sus efectos, la responsabilidad por los actos cometidos y el desarrollo de la empatía hacia las víctimas.

La fórmula yoga + círculos restaurativos tiene la potencialidad de generar procesos profundos de sanación de la violencia, en todas las dimensiones impactadas: corporal, emocional y cognitiva. En tal sentido, el modelo descrito se vale de la descarga de tensión física y emocional que se desarrollan con la práctica de yoga y la meditación, como antesala para los Círculos Restaurativos.

El principio básico es que los comportamientos ilícitos que llevaron al participante a la prisión no son solamente una infracción legal, sino que poseen una dimensión más amplia: ciclos de violencia de los ofensores, la herida emocional a las víctimas, la estigmatización a todos los involucrados y el perjuicio a la comunidad. Debe tenerse en cuenta que la mayoría de las personas privadas de la libertad experimentaron, fuera de prisión, situaciones de abandono, violencia doméstica, abuso sexual, discriminación, marginalidad social, abuso de sustancias, entre otras experiencias traumáticas.

Hasta septiembre de 2019, PYP ha implementado dos programas en prisiones federales
(CEFEREPSI-Morelos y CEFERESO No. 1 El Altiplano, Toluca). La primera fase del programa en el primero de los centros mencionados se completó en 2018 con el apoyo de IIDEJURE A.C. y el acompañamiento de Documenta A.C.

La ENPOL 2016 (Encuesta Nacional de Personas Privadas de la Libertad realizada por el INEGI) resaltó un dato hasta el momento invisibilizado: el 100 % de las personas encuestadas afirmaron haber sido víctimas de algún tipo de violencia antes de cumplir 15 años de edad. Así, entre ellos, el 32.8% consumían alcohol; al 34.8% les gritaban o los insultaban frecuentemente; al 16% los agredían físicamente; el 8.3% recibían golpes provocadores de lesiones; el 10.8% estuvieron en reclusión previamente o fueron acusados de realizar actividades ilícitas; 5.5% consumían drogas frecuentemente; 1.5% eran agredidos sexualmente. Disponible en: www.inegi.org.mx

A las historias de violencia previas al encierro, se añaden actos de tortura o malos tratos sufridos en la detención y la posterior normalización del sufrimiento humano dentro de prisión: aislamiento afectivo, vigilancia permanente, falta de intimidad, rutina desmotivadora e inclusive violaciones a la integridad personal.
Como consecuencia, muchas personas en contexto de encierro desarrollan una nueva escala de valores que condiciona sus relaciones personales, donde la violencia se convierte en una forma de supervivencia y la desconfianza en lamoneda de cambio.

Por todo ello, como parte de la oferta de servicios que todo centro de reclusión debe proveer a su población interna, desde PYP brindamos a las personas privadas de libertad herramientas como el yoga, la meditación y la justicia restaurativa que les permiten, si así lo desean, sanar las heridas emocionales del pasado, detener los ciclos de violencia en los que se encuentran inmersas, comprender a las víctimas, procurar la reparación de los daños y, en definitiva, aprender a reconocernos los unos a los otros como seres humanos, dando la oportunidad para estrechar las relaciones entre las personas, fomentando el respeto y la responsabilidad por nuestras acciones.

De tal forma, como lo expresaba el criminólogo italiano Alessandro Baratta, podrá superarse esa violenta barrera de los muros de la cárcel, que separa a la sociedad de sus propios problemas, otorgándole la posibilidad de reasumir tales conflictos que, de otro modo, permanecerían segregados en la prisión.

Mtra. Luisa Pérez Escobedo
Directora del Proyecto de Yoga en Prisiones – México

 

 

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